Un click para la vida cultural argentina

Encuesta Nacional de Consumos Culturales. El relevamiento de SInCA muestra una caída en la lectura de libros y en la asistencia a recitales, cine, teatro y museos, pero al mismo tiempo revela que muchas de esas actividades proliferan a través de plataformas vinculadas con Internet.

Más del 70 por ciento de la población se conecta todos los días a Internet a través de su celular. 


Imagen: Julio Martín Mancini

El crecimiento del uso del smartphone es uno de los ejes de los resultados de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales que realiza el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA). Mientras que en 2013 –último año en que se había realizado un relevamiento similar–  apenas un 9 por ciento de la población se conectaba a Internet a través de su celular, en 2017 más del 70 por ciento lo hizo todos los días. La encuesta se propone detectar hábitos de consumo, patrones de gasto y equipamiento en materia cultural. La caída en la lectura de libros y en la asistencia a recitales, el cine, el teatro y los museos también se observan entre los resultados.

“El crecimiento exponencial de la digitalización de contenidos culturales posibilitada por la expansión de la red de Internet, junto con la masividad del uso del celular, permiten decir que, potencialmente, hoy podemos acceder a la cultura en cualquier momento y lugar”, se lee en un texto publicado antes de las cifras. “Cae la lectura de libros, pero proliferan varias actividades realizadas en Internet que implican lectura, como la participación en blogs o redes sociales; cae la asistencia al cine, pero aumenta el consumo de contenidos audiovisuales a través de plataformas on-demand o sitios online; cae la compra de discos físicos, pero cada vez se escucha más música en Internet”, compara el documento.

El coordinador del SInCA, Gerardo Sánchez, subraya, en diálogo con PáginaI12: “Más allá de que nos guste o no, hay un cambio importante y profundo de paradigma, que se dio muy rápido. La penetración del smartphone reconfiguró los hábitos de consumos culturales”. Más allá de que evidencia un modo determinado de entender la cultura, el impacto de este cambio no es alcanzado por este trabajo, que pretende funcionar “como disparador de un debate para políticas públicas y relevamientos privados”. El cuestionario de 117 preguntas se estructuró en torno a la radio, la música grabada y en vivo, los diarios, libros, revistas, televisión, películas y series, cine, teatro, prácticas digitales, cultura comunitaria, videojuegos y patrimonio. Se le aplicó a personas de más de 13 años que residieran en ámbitos urbanos de más de 30 mil habitantes, en siete regiones: Ciudad y provincia de Buenos Aires, NOA, NEA, Centro, Cuyo y Patagonia. La muestra abarcó 2800 casos efectivos.

El primer apartado es “música”. El celular pasó a ser el principal soporte de escucha, con la aparición de plataformas que almacenan grandes volúmenes de información. La escucha de música y particularmente mediante el celular es “intensa” entre jóvenes. No obstante, un 46 por ciento de la población continúa escuchando a través de soportes tradicionales. En cuanto a la radio, que perdió oyentes si se compara con la encuesta de 2013 (17 por ciento), son los adultos quienes utilizan en mayor medida el aparato transmisor, mientras que los jóvenes prefieren hacerlo mediante Internet. Son ellos los que, además, van a recitales, práctica que registra también una disminución y en la que influye claramente el nivel socioeconómico. Sólo un 2 por ciento de los argentinos no desarrolló la costumbre de escuchar música. Los géneros preferidos son rock nacional, cumbia y música romántica. En promedio, se escucha música 2 horas 45 minutos por día.

En relación con los contenidos audiovisuales, se consolidaron vías de consumo como YouTube y Netflix. La televisión sigue siendo una práctica cotidiana y doméstica: 95 por ciento de los encuestados dijeron mirarla y el promedio de consumo diario es de 3 horas y cuarto. La modalidad online es la segunda más elegida. En tanto que la asistencia a cines, teatros y museos se ve afectada: hay una disminución de público entre 2013 y 2017. “Los motivos varían, pero el hecho de demandar un gasto adicional de dinero y un tiempo determinado de atención exclusiva, además del tiempo y costo de los traslados” se enumeran como causas principales. Durante el último año, un 37 por ciento de la población que acostumbraba a ir al cine dejó de hacerlo. La asistencia al teatro se redujo en cuatro años en más del 40 por ciento. Como en el caso del teatro, la asistencia a museos bajó de 19 a 11 por ciento desde 2013 hasta la actualidad.

Asimismo, se registra una caída en el consumo de libros, diarios de papel y revistas, mientras que crece la lectura de nuevos formatos a través de Internet. Durante 2013, un 57 por ciento de la población leyó al menos un libro, porcentaje que bajó en 2017 a 44. El promedio anual pasó de 3 libros en 2013 a 1,5 el año pasado. Y dentro de quienes suelen leer libros, el promedio de ejemplares pasó de 6 a 4. El papel sigue siendo el soporte principal para la lectura de libros. La de diarios sigue siendo una práctica extendida pero se advierte una disminución (de 73 a 57 por ciento en cuatro años), con la falta de interés como principal motivo. Lo que aumentó es la lectura de blogs y portales de noticias.

El uso de Internet es otro de los temas del informe. Creció un 15 por ciento desde 2013. De acuerdo a la encuesta, un 80 por ciento de los argentinos usa Internet. Y cada vez más, a través de su celular. El tiempo promedio de conexión es de casi 4 horas y media. El siguiente apartado del informe se titula “¿En qué prácticas culturales participamos?” y da cuenta de que una cuarta parte de la población argentina participa, en mayor o menor grado, en espacios comunitarios, como clubes, sociedades de fomento, centros religiosos, cooperativas y centros de jubilados.

Finalmente, aparece un tema clave en esta conyuntura: el gasto en consumo cultural, ítem en el que se destaca el predominio del consumo digital en detrimento del analógico. En las estadísticas, Internet figura como un gasto en materia cultural. “Ese es un gran debate, puede estar en discusión. Como vemos que casi todos los consumos están migrando a lo digital y, sobre todo, al celular, hay que tener en cuenta ese costo. No existía antes en la mayoría de los hogares”, explica Sánchez.

En tiempos de ajuste se podría pensar que la cultura es de las primeras áreas que una familia o un sujeto recorta. Los factores económicos y el costo aparecen como tercer motivo en la caída en la lectura de libros; no hay un detalle similar en torno al cine y el teatro. Consultado por la injerencia de la economía en las tendencias culturales, Sánchez señala: “Hacemos visibles los datos para que se pueda investigar, pero sí tenemos algunas pistas. En algunos de los consumos, el descenso fue en todos los niveles socioeconómicos. Es decir, hay consumos altamente inelásticos en términos económicos. Uno cada vez ve más abono de teléfono y paquetes de datos, al margen de cómo se mueva la economía. La encuesta muestra que no se puede hablar de la cultura como un solo contenido homogéneo. La vemos como valor simbólico, no como una definición cerrada, relacionada a la alta cultura o lo tradicional”.

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